martes, 29 de marzo de 2011

Inyección



Me duele tener que reconocer lo que por años no supe comprender, y vencer de una manera valiente y poca cobarde, recuerdo teniendo 13 años de edad mi madre decidió en llevarme al hospital ya que tenía que ser examinado de inmediato, como suele suceder tenía que hacerme aquel mismo día una prueba de sangre para que de tal manera puedan llegar a una conclusión del mal que me aquejaba, mientras esperábamos con mi madre en el pasadizo del hospital mis piernas me temblaban, mi corazón palpitaba más rápido de lo normal, mi manos sudaban y mis cabellos parados del miedo de tener que recibir un pinchón en mi pequeño y robusto brazo; no sabía que hacer sabiendo que dentro de pocos minutos llegaría la hora en estar sentado en aquella sala donde todas las personas luego salen cogiéndose el brazo, algunos riendo otros llorando.


En eso mi madre me dice espérame aquí ya regreso voy al baño, para mí fue una excelente idea regresar a mi casa y escaparme de esa manera de ser pinchado por aquella señorita morena, llegue a casa todos me miraron asustados preguntándome que es lo que me pasa y en donde está mi madre, solo llore diciendo que no quería que me pongan una inyección. Todos rieron.


Pensé que todo aquello había sido una mala y chistosa experiencia que cualquier muchachito podría tener en su plena juventud o mejor dicho infancia, pero no fue así todo siguió en marcha, recuerdo cuando recién me bautice en la iglesia tenía unos 18 años y como todos saben es una excelente edad para prepararse y estar listo para la misión, recuerdo tener los deseos más grandes en poder servir al señor con todas mis energías, solo existía algo en mí que me hacía perder los deseos de poder ir a dicha misión, era la bendita fobia a la inyecciones, aún no había perdido el miedo aquello, entonces en un momento pensé: “no iré a la misión de esa manera no tendré que pasar por aquel doloroso proceso y serviré al señor en mi barrio con toda el alma”, después de meditarlo por mucho tiempo supe que no importaba el dolor por el que pueda pasar, entonces un hermano de la iglesia siempre me acompaño a cada examen que tenía que pasar y la mayoría tenía que ver con inyecciones, tanto así que me sacaron una muela y dejaron un pedazo dentro, hasta el día de hoy tengo aquello impregnado en mí. Luego cuando estuve en el ccm pensé en ya no recibir ninguna inyección, pero todo fue lo contrario me hicieron nuevamente todos los exámenes por que dijeron mis documentos no habían llegado completo, para mí fue traumático y doloroso.


El día de hoy le cuento a mi madre una molestia que llevo hace un año atrás, no es nada delicado ni grave solo es una pequeña molestia que mejor es no decirlo, me arrepiento de haberle dicho, ella ya saco una cita con el doctor y el día de mañana iré apara que me saquen unos análisis de sangre, todo el día estado preocupado apenas pude comer y no dejo de pensar en el día de mañana, no sé qué hacer en ir o no ir, sé que todo es por mi salud y así estaré mejor peor la fobia que tengo me destruye de una manera u otra, preferiría un mes de pastillas que una inyección.


Mi mama siempre dice que las mujeres son más valientes que los hombres y creo que en mi se cumple aquella profecía.


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